Mensaje del Pastor (Monthly)

¿Cómo podré darle gracias al Señor al mismo tiempo que estoy sufriendo, sin siquiera entender por qué?
La alabanza y la acción de gracias tienen un poder extraordinario. Algo maravilloso sucede cuando glorificamos a Dios y nos gozamos en Él, pese a las circunstancias. Nuestra gratitud no solo le da al Padre la honra que Él merece, sino que también fortalece nuestra fe, nos libra de angustia, y reenfoca nuestra atención en su facultad de ayudarnos.
Si usted actualmente está pasando por una etapa de pruebas y decepciones, quizás éste sea un principio difícil de poner en práctica. Tal vez se esté preguntando: “¿Cómo podré darle gracias al Señor al mismo tiempo que estoy sufriendo, sin siquiera entender por qué?”
Pero hay una razón por la cual el apóstol Pablo nos instruye, diciendo: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts 5.16-18). Pablo entendía que nos hace bien, y exalta al Padre, darle a Dios nuestra confianza plena y alabanza.
Una actitud de gratitud hace que cualquier situación de desesperanza se convierta en una de triunfo. Lo vemos a lo largo de las Sagradas Escrituras. Cuando David enfrentó a Goliat, expresó su fe en Dios, clamando: “Jehová te entregará hoy en mi mano (…) y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1 S 17.46-47). La confianza de David en el Padre preparó el camino para la victoria.
Así mismo, cuando tres ejércitos poderosos atacaron a Judá y el pueblo de Dios se halló sin defensa terrenal, los israelitas acudieron a su Protector divino. El segundo libro de Crónicas, capítulo 20, relata: “Josafat, estando en pie, dijo: ‘Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, (…) y seréis prosperados. Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros” (vv. 20, 22). La alabanza de Judá fue la manera perfecta de manifestar la provisión sobrenatural de Dios.
Algo parecido sucedió cuando Pablo y Silas fueron injustamente golpeados y echados a una cárcel filipense. Su situación no hizo que olvidaran la verdad. Ellos recordaron a quién pertenecían y lo que Dios les había llamado a hacer. En lugar de quejarse y llorar, leemos que: “ A medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios (…) Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron” (Hch 16.25-26). Nuevamente vemos que la confianza y gratitud de estos hombres sirvieron como los medios perfectos por los cuales Dios obraría milagrosamente a favor de ellos.
Hay poder y libertad en la adoración. Como David, Josafat y Pablo, cuando usted alaba a Dios en medio de su adversidad, no se está dejando llevar por sus circunstancias ni emociones pasajeras. Más bien, está permitiendo que el Padre fortalezca su fe, purifique su vida, y le prepare para bendiciones mayores.
Pero, ¿cómo puede usted mantener su corazón centrado en la provisión del Señor cuando está sufriendo? ¿En qué verdad debería concentrar sus pensamientos para así poder dar gracias en todo, aunque todo parezca estar en su contra?
En primer lugar, recuerde que Dios tiene el dominio absoluto, no importa cuán mal parezca su situación. Esta es la clave para poder resistir la adversidad. Salmo 103.19 proclama: “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”. No importa lo que haya sobrevenido en su contra, ni cuánto haya fracasado, el Padre todavía tiene el control y puede ayudarle a superar cualquier situación. Así que puede agradecerle porque nunca está desamparado. Dios puede manejar cualquier problema que usted enfrente y Él nunca le dejará para que los resuelva solo.
En segundo lugar, sepa que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Ro 8.28). Esto no significa que Dios haya provocado su prueba. Más bien quiere decir que si Él ha permitido cualquier desafío en su vida, es por un buen propósito. Usted no tiene que entender por qué Dios lo ha permitido, ni cómo le beneficiará. Hay pruebas que nunca entenderemos en esta vida terrenal. Sin embargo, puede estar seguro de que Dios le ama y que Él desea darle sus mejores bendiciones, y ésa siempre es razón para alabarlo.
¿Enfrenta usted algún desafío hoy? Recuerde que Dios tiene el control. ¿Acaso hay algo que le está haciendo dudar? Confíe en que Dios puede usarlo para su bien. El Padre tiene dominio absoluto de lo que está pasando en su vida en este mismo instante. Y cuando usted entienda el propósito principal de Dios, verá por qué es sabio agradecerle en cada una de sus circunstancias.
Así que, cuando lleguen las pruebas y las desilusiones, no espere. Que su primera reacción sea alabar al Padre. Como dije anteriormente, hay un poder extraordinario cuando nos gozamos en el buen propósito de Dios. Así que le insto a darle a Dios la honra que Él merece. Concentre su atención en el poder divino, libere sus preocupaciones, y deje aflorar su fe mediante la alabanza. ¡Cuánto le alegrará haberlo hecho!