¡Bienvenido(a)! 

Nos sentimos honrados de que visite nuestra página de Internet. Esperamos que la encuentre entretenida e informativa, y esto le motive a tomar el siguiente paso para visitarnos en persona. Le invitamos a descubrir los diferentes ministerios y oportunidades de crecimiento espiritual que ofrecemos para toda la familia. Si desea saber algo específico sobre nuestro ministerio, siéntase en la libertad de contactarnos en línea, o llamando al teléfono 972-242-1582


Amar a Dios, Amar al prójimo y Transformar a la familia.


Horario de Actividades

Domingos:
Escuela Dominical 10:00 a.m.
Adoración y Predicaión 11:15 a.m.

Miércoles:
OANSA Niños 6:45 p.m.
Estudio Bíblico y Oración 7:00 p.m.

Sábado:
Jovenes 5:00 p.m.

Misión y Visión
NUESTRA VISIÓN
Ser verdaderos discípulos de Jesucristo comprometidos con la “Gran Comisión”.
NUESTRA MISIÓN
Proclamar el evangelio,
Enseñar la Palabra,
Servir al prójimo,
Convivir en amor y
Adorar a Dios sobre todas las cosas hasta mostrar el carácter de Cristo.

Quienes somos
Lo que creemos (Articles of Faith)
Las Escrituras
Creemos que “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Entendemos que esto quiere decir que toda la Biblia es inspirada porque los santos hombres de Dios fueron “inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21) para escribir cada Palabra de la Escritura. Creemos que esta inspiración divina se extiende igual y completamente a todas las partes de la Escritura como aparece en los manuscritos originales. Creemos que toda la Biblia en los originales es por tanto sin error. Creemos que todas las Escrituras se centran alrededor del Señor Jesucristo en Su persona y obra, en Su primera y segunda venidas y como consecuencia ninguna porción, aun del Antiguo Testamento, se lee y entiende correctamente sólo hasta que conduce a Él. Creemos también que toda Escritura fue designada para nuestra instrucción práctica (Lucas 24:27, 44; Juan 5:39; Romanos 15:4; 1 Corintios 10:11; 2 Timoteo 3:16).
La Trinidad
Creemos en el Dios verdadero y viviente, el Creador, Redentor, Sustentador y Gobernador de todas las cosas. Él es infinito, eterno, inmutable y se ha revelado a nosotros como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios el Padre:
Dios, como Padre, reina sobre todo su universo con cuidado providencial. El es todopoderoso, todo amante, todo conocedor y todo sabio. El es paternal en actitud para con los hombres, pero es Padre en realidad para con aquellos que han llegado a ser hijos de Dios por medio de Jesucristo quien los entregará en manos del Padre (Génesis 1:1; 1 Crónicas 29:10; Jeremías 10:10; Mateo 6:9; Hechos 1:7; Romanos 8:14-15; 1 Corintios 8:6; 1 Corintios 15: 24; Efesios 4:6).
Dios el Hijo: Creemos que el Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, se hizo hombre sin dejar de ser Dios, habiendo sido concebido por el Espíritu Santo, a fin de poder revelar a Dios y redimir al hombre pecador. Esta redención la llevó a cabo al entregarse a sí mismo como un sacrificio sin pecado y expiatorio en la cruz, satisfaciendo así el justo juicio de Dios contra el pecado. Tras de comprobar la realización de esa redención/justificación por Su resurrección corporal de la tumba, ascendió a la diestra de Su Padre donde intercede a favor de aquellos que confían en Él (Lucas 1:34-35; Juan 1:1, 2, 14, 18; Romanos 3:24-26; Romanos 8:3).
Dios el Espíritu Santo: Creemos que el Espíritu Santo es la Persona divina que convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio, que sólo Él trae nueva vida a aquellos que están espiritualmente muertos; que Él bautiza (o incorpora) a todos los creyentes en la única verdadera Iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo; que Él mora en ellos permanentemente, los sella para el día final de la redención, les confiere dones espirituales y llena (controla) a aquellos que se entregan a Él. Todo creyente es llamado a vida a fin de que en el poder del Espíritu que mora en él no satisfaga la concupiscencia de la carne sino que lleve fruto para la gloria de Dios (Juan 3:3-8; 14:16-17; 16:7-11; 1 Corintios 12:7-11, 13; Efesios 4:30; 5:18).

La Creación
Creemos que el hombre fue creado directamente por Dios y hecho a Su imagen. Creemos que Dios creó los cielos y la tierra, incluyendo toda clase de vida, por un acto directo (Génesis 1:1; Juan 1:3; Colosenses 1:16-17).
El Hombre
Aunque el hombre fue creado a la imagen de Dios, cayó en pecado y está perdido. Esto es cierto de todos los hombres y a menos que el hombre nazca de nuevo por el Espíritu Santo, no puede ver el reino de Dios (Génesis 1:26-27; Juan 3:3; Romanos 3:10, 23).
El Diablo – Satanás
Creemos que Satanás es una persona, el autor del pecado y la razón de la caída del hombre, y que está destinado al juicio de un castigo eterno en el lago de fuego (Mateo 4:1-3; Hechos 5:3; 2 Corintios 4:4; Apocalipsis 20:10).
Propiciación por el Pecado
Creemos que el Señor Jesucristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras como un sacrificio expiatorio y que todos los que creen en Él son redimidos por Su sangre derramada en la cruz. Creemos en la resurrección del cuerpo crucificado de nuestro Señor Jesucristo y en Su ascensión al cielo; que Él es nuestro Sumo Sacerdote y Abogado (Juan 1:1-3, 14; 3:1-7; Hebreos 10:4-14; 1 Juan 2:2).
La Salvación
Creemos que la salvación es un don de la gracia de Dios. No puede ser comprada ni hecha más segura por obras meritorias, sino que es otorgada gratuitamente a todos los que ponen su fe en la obra consumada por Jesucristo en el Calvario. Todos los que así confían en el Salvador son perdonados de sus pecados y nacidos en la familia de Dios por la obra regeneradora del Espíritu Santo (Juan 1:12; Hechos 16:30-33; Romanos 10:9-10; Efesios 1:7; 2:8-9).
El Andar del Cristiano
Creemos que todos somos llamados con un llamamiento santo a andar no conforme a la carne sino conforme al Espíritu, y a vivir de tal manera en el poder del Espíritu que mora en nosotros, que no satisfagamos la concupiscencia de la carne. Pero la carne jamás es erradicada en esta vida y el individuo decide mantener a la carne en sujeción a Jesucristo por medio del poder del Espíritu Santo o ella manifestará su presencia en nuestra vida para deshonra de nuestro Señor. (Romanos 6:11-13; 8:2, 4, 12-13; Gálatas 5:16-23; Efesios 4:22-24; Colosenses 2:1-10; 1 Pedro 1:14-16; 1 Juan 1:4-7; 3:5-9).
La Gran Comisión
Hasta el regreso de Cristo, el privilegio y deber del creyente es buscar el cumplimiento de la Gran Comisión de Cristo y ministrar en Su nombre a un mundo necesitado. Debemos ser instrumentos de Jesucristo a medida que el Espíritu Santo ministra redención y reconciliación en el mundo (Mateo 25:31-46; 28:18-20).

 

¿Está usted seguro de su salvación? (Plan of salvation)
¿Qué tan bien conoce usted a Dios?
¿Sabe algo? Dios le ama y quiere tener una relación personal con usted para siempre.
El Padre celestial tiene un plan especial para su vida. Él nos da esta promesa en el libro de Jeremías del Antiguo Testamento, capítulo 29, versículo 11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Dios le creó para que usted tenga una relación con Él. Quiere que usted tenga mayor intimidad con Él en este mundo, y para que pase la eternidad a su lado en el cielo después que muera.
Pero hay una cosa que nos impide relacionarnos con Dios… el pecado. Si usted hizo alguna vez algo malo, sabe qué es el pecado: es desobedecer a Dios. La Biblia dice en Romanos 3.23: “Por cuanto todos [¡y esto significa todos nosotros!] pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.
Romanos 6.23 explica que el castigo por el pecado es la muerte: la separación de Dios para siempre en el infierno. No importa cuánto nos esforcemos, no podemos salvarnos a nosotros mismos. No podemos ganar el cielo por ser buenos, ir a la iglesia o ser bautizados. Esta es una mala noticia.
¡Pero no se preocupe! Dios nos ama tanto que envió a su único Hijo, Jesús, a la tierra. Él vivió una vida perfecta, sin pecado, y después murió en la cruz para recibir el castigo por nuestros pecados (Romanos 5.8). Tres días después, volvió a la vida y ahora vive en el cielo.
Jesús dijo en Juan 14.6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí”. Para venir a Dios y vivir en el cielo después de morir, usted debe aceptar a Jesús como su Señor y Salvador personal.
Para aceptar a Jesús como su Salvador, lo único que tiene que hacer es decirle a Dios que reconoce que es pecador, creer que Jesús murió por sus pecados y que resucitó de los muertos, y darle el control de su vida.
He aquí un ejemplo de oración que le ayudará a saber qué decir:
Señor, sé que soy pecador y que mi pecado me separa de ti. Comprendo que no puedo hacer nada para ganar mi entrada al cielo. Creo que Jesús tomó el castigo por mis pecados al morir en la cruz y resucitar. Lo acepto como mi Señor y Salvador. Trataré ahora de hacer lo mejor para agradarte todos los días de mi vida. Gracias por perdonarme y salvarme en este momento. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
Si usted aceptó a Jesucristo como su Salvador, entonces puede tener la seguridad de que Él le oyó. La Biblia dice: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10.13). ¡Usted acaba de empezar una relación con Dios, y puede tener la seguridad de que pasará la eternidad con Él en el cielo!
Si usted tomó la decisión de seguir a Jesucristo hoy, tenga la bondad de hacérnoslo saber y visitenos:
Ministerio Hispano
Escuela Dominical: Domingos 10:00 a.m.
Servicio de Adoración: Domingos 11:15 a.m.

 

Mensaje del Pastor (Monthly)

¿Cómo podré darle gracias al Señor al mismo tiempo que estoy sufriendo, sin siquiera entender por qué?
La alabanza y la acción de gracias tienen un poder extraordinario. Algo maravilloso sucede cuando glorificamos a Dios y nos gozamos en Él, pese a las circunstancias. Nuestra gratitud no solo le da al Padre la honra que Él merece, sino que también fortalece nuestra fe, nos libra de angustia, y reenfoca nuestra atención en su facultad de ayudarnos.
Si usted actualmente está pasando por una etapa de pruebas y decepciones, quizás éste sea un principio difícil de poner en práctica. Tal vez se esté preguntando: “¿Cómo podré darle gracias al Señor al mismo tiempo que estoy sufriendo, sin siquiera entender por qué?”
Pero hay una razón por la cual el apóstol Pablo nos instruye, diciendo: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts 5.16-18). Pablo entendía que nos hace bien, y exalta al Padre, darle a Dios nuestra confianza plena y alabanza.
Una actitud de gratitud hace que cualquier situación de desesperanza se convierta en una de triunfo. Lo vemos a lo largo de las Sagradas Escrituras. Cuando David enfrentó a Goliat, expresó su fe en Dios, clamando: “Jehová te entregará hoy en mi mano (…) y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1 S 17.46-47). La confianza de David en el Padre preparó el camino para la victoria.
Así mismo, cuando tres ejércitos poderosos atacaron a Judá y el pueblo de Dios se halló sin defensa terrenal, los israelitas acudieron a su Protector divino. El segundo libro de Crónicas, capítulo 20, relata: “Josafat, estando en pie, dijo: ‘Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, (…) y seréis prosperados. Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros” (vv. 20, 22). La alabanza de Judá fue la manera perfecta de manifestar la provisión sobrenatural de Dios.
Algo parecido sucedió cuando Pablo y Silas fueron injustamente golpeados y echados a una cárcel filipense. Su situación no hizo que olvidaran la verdad. Ellos recordaron a quién pertenecían y lo que Dios les había llamado a hacer. En lugar de quejarse y llorar, leemos que: “ A medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios (…) Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron” (Hch 16.25-26). Nuevamente vemos que la confianza y gratitud de estos hombres sirvieron como los medios perfectos por los cuales Dios obraría milagrosamente a favor de ellos.
Hay poder y libertad en la adoración. Como David, Josafat y Pablo, cuando usted alaba a Dios en medio de su adversidad, no se está dejando llevar por sus circunstancias ni emociones pasajeras. Más bien, está permitiendo que el Padre fortalezca su fe, purifique su vida, y le prepare para bendiciones mayores.
Pero, ¿cómo puede usted mantener su corazón centrado en la provisión del Señor cuando está sufriendo? ¿En qué verdad debería concentrar sus pensamientos para así poder dar gracias en todo, aunque todo parezca estar en su contra?
En primer lugar, recuerde que Dios tiene el dominio absoluto, no importa cuán mal parezca su situación. Esta es la clave para poder resistir la adversidad. Salmo 103.19 proclama: “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”. No importa lo que haya sobrevenido en su contra, ni cuánto haya fracasado, el Padre todavía tiene el control y puede ayudarle a superar cualquier situación. Así que puede agradecerle porque nunca está desamparado. Dios puede manejar cualquier problema que usted enfrente y Él nunca le dejará para que los resuelva solo.
En segundo lugar, sepa que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Ro 8.28). Esto no significa que Dios haya provocado su prueba. Más bien quiere decir que si Él ha permitido cualquier desafío en su vida, es por un buen propósito. Usted no tiene que entender por qué Dios lo ha permitido, ni cómo le beneficiará. Hay pruebas que nunca entenderemos en esta vida terrenal. Sin embargo, puede estar seguro de que Dios le ama y que Él desea darle sus mejores bendiciones, y ésa siempre es razón para alabarlo.
¿Enfrenta usted algún desafío hoy? Recuerde que Dios tiene el control. ¿Acaso hay algo que le está haciendo dudar? Confíe en que Dios puede usarlo para su bien. El Padre tiene dominio absoluto de lo que está pasando en su vida en este mismo instante. Y cuando usted entienda el propósito principal de Dios, verá por qué es sabio agradecerle en cada una de sus circunstancias.
Así que, cuando lleguen las pruebas y las desilusiones, no espere. Que su primera reacción sea alabar al Padre. Como dije anteriormente, hay un poder extraordinario cuando nos gozamos en el buen propósito de Dios. Así que le insto a darle a Dios la honra que Él merece. Concentre su atención en el poder divino, libere sus preocupaciones, y deje aflorar su fe mediante la alabanza. ¡Cuánto le alegrará haberlo hecho!